miércoles, 1 de febrero de 2012

El loro Paco

Me he comprado un loro. Estoy muy solo en casa y pensado que una mascota me sentaría bien. Al morir mi madre quedé ya sin familia, si alguna vez tuve un amigo lo perdí, y no tengo ya ninguna posibilidad de recuperar a aquella junto a la que soñaba terminar mis días.
El precio era un regalo, el bicho es ya bastante mayor y el dueño de la tienda quería deshacerse de él. Ya sabe decir "hola" con voz de falsete y silbar a las chicas guapas. Según el dueño es muy listo, y para ponerlo a prueba he pensado enseñarle a decir "metacrilato". Pongo su jaula encima de la mesa mientras ceno y le repito despacio y vocalizando bien "me-ta-cri-la-to". Él me mira con atención, ladea la cabeza contrariado y responde "ho-la". Pero no nos desanimamos.

sábado, 17 de diciembre de 2011

La vértebra del estudiante de intercambio

Nos fue fácil entrar, pero salir nos costó una vida. A Lourdes la recibieron con todos los honores y la estuvieron agasajando durante toda la noche. A mi no me hacían ningún caso y pude escabullirme para registrar la finca y asegurarme de que Tito no estaba allí. Más que una finca aquello era un auténtico poblado. En el centro se encontraba la vieja casona en la que vivía "el puño" y se realizaban las misas y negras y demás rituales, y alrededor casas prefabricadas, auto-caravanas y tiendas de campaña se agrupaban formando calles perfectamente alineadas. Me senté en el portal de la casona y estuve fumando y planeando la escapada durante el tiempo suficiente para convencer a Lourdes de que había buscado a su marido hasta en el último rincón.  Pero cuando entré a buscarla era ya muy tarde. Los adoradores del diablo estaban tan ansiosos que habían modificado el programa de actos para empezar directamente con la ofrenda de la virgen.
Los encontré a todos completamente desnudos y visiblemente excitados rodeando el altar en el que Lourdes, con las piernas y los brazos abiertos y atados con correas, esperaba confiada y paciente a que yo la rescatara. Alguien apareció a mi espalda y me lanzó al suelo de un empujón. Miré hacia arriba y me resultó sencillo reconocer en aquel Adonis de dos metros a "el puño de Satán". De su cuello colgaba la famosa vértebra del estudiante americano al que descuartizó el día de su posesión demoníaca. Ignorándome se dirigió al altar, y ante los gritos de placer enfermizo de sus seguidores levantó una daga con el filo curvo y sucio ya de sangre. 
No esperé a ver el final, pero mi cruel imaginación me golpea con las imágenes más obscenas y crueles que es capaz de crear.

El puño de Satán

Lourdes ha estado investigando en internet, y tiene fundadas sospechas de que su marido esté en manos de una secta satánica cuyo líder se hace llamar "el puño de Satán". Su centro de operaciones es una finca rústica de la provincia de Albacete, y no es nada fácil llegar hasta allí si no eres bienvenido. Pero Lourdes es una mujer extraordinaria y ha conseguido, haciéndose pasar por virgen en los chats esotéricos de lengua hispana, que la inviten a los actos de conmemoración de la posesión del cuerpo de Joaquín Flores por una legión de demonios que dio lugar al nacimiento de "el puño".
Me ofrecí a acompañarla. Si se ha metido en esto es en parte por mi culpa, y no podría soportar que le hiciesen daño. Pero ahora tengo miedo. Ya he matado a un hombre, y aunque sé que lo volvería a hacer todavía no he sido capaz de perdonarme. Si ahora entro en tratos con Satán mi alma estaría definitivamente perdida. Anoche escuché gritos en la habitación de mi madre, y esta mañana he encontrado el cuerpo de Tito cubierto de arañazos.

domingo, 16 de octubre de 2011

La dulce Lourdes

Hoy he conocido a Lourdes, la mujer de Tito. Me esperaba a la salida de la fábrica, encogida en un abrigo largo y gris, con la nariz congestionada y los ojos húmedos. Quería pedirme ayuda. La pobre está desolada, hace días que no tiene noticias de su marido y la policía no le hace ningún caso. Le he pedido que me contara todo lo que sabe.
Estos últimos meses Tito se ha estado comportando de forma extraña. Se levantaba de madrugada, cuando suponía que Lourdes dormía, se vestía de negro, descolgaba el crucifijo que preside su lecho conyugal y salía de casa. Poco antes del amanecer volvía, colgaba el crucifijo, se desnudaba y se acostaba junto a su mujer oliendo a tierra y a flores. Los fines de semana iban a misa, sábado y domingo, en doble sesión de mañana y tarde. Al parecer Tito se había vuelto muy religioso de repente, e incluso había instalado un altar en la salita de estar, junto al televisor de plasma.
Lourdes sospecha que puede haber sido raptado por una secta. Yo le he confirmado que todo hace indicar que ha sido así, y que haré todo lo posible para ayudarla. Me ha dado un abrazo largo y fuerte, aplastando sus pechos contra mis costillas, con la mejilla apoyada sobre mi pecho. Nunca me habían abrazado así. Loudes me gusta mucho. Tengo que ayudarla.
Al llegar a casa le he rajado el cuello a su marido, para que no sufra más.

lunes, 3 de octubre de 2011

Jugando con Tito

Ayer por la tarde me sorprendió ver a Tito, mi mejor colaborador, en el recibidor de mi casa. No fui a trabajar, y al parecer no esperaba encontrarme en casa.

Arrastraba cogidos por el cuello de la camisa, uno con cada mano, los cuerpos de dos chavales que supuse serían gemelos (eran del mismo tamaño, vestían igual, y el poco pelo que les quedaba en el cráneo era de un color rojizo poco habitual en la cuenca mediterránea).

Cuando me vió les soltó y sus cabezas rebotaron contra el suelo como calabazas vacías. El pobre Tito abrió tanto los ojos que el párpado izquierdo se le quedó enganchado del revés.

Respiré aliviado y le ofrecí un café. Por fin había descubierto como habían llegado tantos cadáveres a la habitación de mi madre, que nunca había sido muy popular. Lo que no consigo comprender es por qué, yo siempre había considerado a Tito más que un compañero. La pena es que cuando quise preguntárselo el dolor ya le había hecho perder el juicio y era incapaz de articular palabras.

Aún así he decidido que se quede unos días en la habitación de mi madre, con los gemelos, para que podamos jugar un poco más.

domingo, 4 de septiembre de 2011

Asuntos familiares

Estas vacaciones han sido muy productivas, he limpiado por fin mi casa y he resuelto el misterio que me angustiaba.


Alquilé una furgoneta y cargué todos los cadáveres que se habían amontonado en la habitación de mi madre. Deshaciéndome de ellos uno a uno no hubiera terminado nunca, y cada vez aparecían más. Así que corté por lo sano y decidí hacerlos desaparecer a todos en una misma fosa común, como hacían los alemanes (no hay que copiar nunca, pero si se copia, mejor copiar a los mejores). Me acerqué a las obras de Marina D'Or y aproveché uno de los cimientos que habían dejado a medias. Entre el calor y la crisis confío que los cuerpos se hayan descompuesto completamente cuando retomen las obras.


La gran sorpresa me la llevé al limpiar la habitación. Seguía oliendo muy mal, así que le di un repaso a fondo, incluso miré debajo de la cama y allí estaba... mi madre.


Estaba bastante podrida ya, hacía varios meses que la enterramos, y seguramente llevaba también varios meses desenterrada. La reconocí por la ropa porque los gusanillos habían dado buena cuenta de su cara y se entretenían ahora relamiendo los huesos. Esos gusanillos no venían de ningún sitio, habían nacido de las entrañas de mi madre, como yo, eran a efectos legales mis propios hermanos... pero en esos momentos yo estaba muy impresionado, y aunque fuesen mi madre y mis hermanos me daban mucho asco. Rocié el cuerpo de mi madre con insecticida y lo metí en dos bolsas de basura (en una no cabía, le cubrí las piernas con una y la cabeza y la espalda con otra) y la metí en la furgoneta. Afortunadamente todavía me quedaba un día de alquiler.

domingo, 20 de febrero de 2011

El ramo de rosas

Hace años tuve una novieta, Natalia. Hoy es su cumpleaños, pero desde que cortamos no hemos vuelto a hablar. Yo intenté mantener el contacto, seguir siendo amigos hasta que con el tiempo nos llegara una segunda oportunidad. Pero primero sus padres y sus hermanos, después su novio y su marido, y últimamente sus hijos, me han impedido acercarme a ella.

Esta mañana me puse la mascarilla y entré en la habitación de mi madre. Cada día me deshago de dos o tres cadáveres, pero parece que siguen llegando y cada vez hay más. Rebusqué hasta encontrar a uno reciente, joven y guapo. Con la cara blanca y los labios morados me recordaba a esas películas mudas de Rodolfo Valentino. Le puse un poco de colorete con el maquillaje de mamá, y con unas gafas de sol y un sombrero me lo llevé de paseo.
Los domingos por la mañana son el mejor momento para deshacerte de un cadáver. Levanté a mi elegante compañero de los hombros y lo llevé hasta el coche como haría cualquiera con un amigo demasiado borracho para volver a casa. Le puse el cinturón y nos pusimos en marcha. Paré en una floristería y compré un ramo de rosas amarillas (las rosas rojas resultarían demasiado atrevidas).
    - Quiere acompañarlo con una tarjetita – me preguntó la florista.
    - No es mala idea, – le respondí - ¿podría escribirla usted? Yo tengo muy mala letra... ¿Si? Gracias. Anote:
“Felicidades Natalia. Te quiero y no puedo vivir sin ti. Ya no tengo miedo, aunque me maten no conseguirán alejarme de ti.”

Dejé a Rodolfo sentado en su portal, con el ramo sobre las rodillas. Daba gusto verlo y le hice una foto con el móvil.

Al volver a casa llamé a la Guardia Civil, “...sí, me han despertado unos gritos... sí, una pelea... ¿la dirección? Sí, anote... , sí, el número 12... ¿mi nombre? No, prefiero no darles mis datos. Adiós.”