martes, 15 de mayo de 2012

Cuidados intensivos


La psicóloga no es tan guapa como me había imaginado. Después de varias semanas escuchando su voz grave y cálida durante las horas de visita, hoy por fin me han quitado los vendajes de la cara y la he podido ver. Es bajita y regordeta, y su pelo, recogido en dos “pirris” al estilo de las colegialas de los cómics japoneses, contrasta con su cara de perro malhumorado. Ahora que la veo, hasta su voz me parece más fea. Se supone que está aquí para escucharme pero desde que llegó no ha dejado de hablar, con desgana, moviendo solamente el número imprescindible de músculos para hacerse entender. 
Quiero que se calle, y quiero que se vaya.
Me decido a hablar por primera vez desde que recuperé el conocimiento y en su cara noto una ligera contracción de la parte izquierda de su labio superior que se mantendrá hasta el final de su visita.

- ¿Disculpa? 

Inclina levemente la cabeza para ofrecerme su oído derecho y espera en vano a que repita mis palabras. Cojo aire y ella se acerca un poco más, con los mofletes vagos y flácidos, noto el olor a tabaco y carajillo de anís. Ya casi está a mi alcance. Empiezo a hablar muy bajito…

- Usted me…

Casi puedo sentir su oreja en mis labios, me hacen cosquillas en la nariz los pelos grasientos de uno de sus “pirris”…

- … usted me…

Se le pone la carne de gallina al recibir mi aliento pero no se aparta ni un milímetro. Ni siquiera necesito levantar la cabeza, simplemente alargo los labios y rodeo el lóbulo de su oreja, al chupar noto el frío de su pequeño pendiente de perla falsa y un ligero pinchazo por el pasador. Ella no se mueve aunque está más tensa, y su oreja más caliente, aparto mis labios y la recorro con la lengua. Pero no se va. De hecho cada vez acerca más su cuerpo y sus pies ya no tocan el suelo. Veo venir de reojo una mano húmeda y regordeta que amenaza con acariciarme y sorprendido por su contraataque pierdo la compostura y grito directamente en su oído,

- …¡¡usted me da asco!!

Se aparta de un salto cubriéndose la oreja con las dos manos y llamándome repetidamente hijo de puta. 
No me puedo mover, y unas bragas metidas en la boca me impiden gritar, pero sí que noto el dolor. Y la doctora Conchillo, especializada en el tratamiento de víctimas de psicópatas, terroristas  y torturadores, sabe mucho sobre el dolor.     



miércoles, 8 de febrero de 2012

Por fin juntos

Anoche me despertó de nuevo el maldito loro "¡Cobaaarde! ¡cobaaarde!". Aparté las sábanas de un tirón y maldiciendo me fui a por él. Mientras me dirigía a la cocina iba saboreando ya el placer de reventar su  cabeza contra la pared, abrí la puerta con violencia y me enfrenté a una visión que me derrotó de un golpe seco, dejándome de rodillas en el suelo desencajado por el pánico. 
Sentada en la mesa, frente al loro, dándole galletitas y susurrándole con malicia "cobarde... cobarde... cobarde...", estaba Lourdes. Tenía la frente rasurada hasta la coronilla y unas cicatrices anchas y carnosas la atravesaban de punta a punta formando un pentáculo. ¡Cobaaarde! gritó de nuevo Paco con su voz potente y desgarrada helándome la sangre. Pero Lourdes me ignoraba y seguía concentrada alimentando al loro. Admitiendo una vez más mi cobardía salí a gatas de la cocina y corrí a esconderme dentro de mi cama. Allí recé entre sollozos pidiendo que terminara por fin aquella pesadilla.

¡Qué mentirosa y convincente puede ser nuestra mente cuando intenta protegernos de caer en la locura! Ya de madrugada consiguió convencerme de que no había sido más que un mal sueño. La noche había sido muy silenciosa desde que escapé de la cocina. Paco no grito más y aunque en algunos instantes de temeridad me atreví a acercar mi oído a la puerta cerrada no escuché más que los crujidos angustiosos de las puertas de madera vieja y húmeda. La imagen de Lourdes se fue poco a poco confundiendo con otras pesadiilas más terroríficas e inverosímiles hasta confundirse con ellas, y todo quedó en una mala noche de luna llena. Y así desperté por la mañana, cansado pero aliviado, con un domingo bien soleado por delante para recuperarme de tantas emociones y darle una nueva oportunidad a mi vida.
Al acercarme a la cocina me sorprendió el olor cálido del pan recién tostado,  y  al asomarme perdí todo el apetito y definitivamente mi propia cordura. Lourdes, de pie, preparaba el desayuno con la mirada perdida y la frente marcada. A la mesa, Paco dentro de su jaula tumbado con la cabeza partida sobre un charquito de su propia sangre... y Tito, sentado en un taburete con el cuerpo apoyado sobre el lavavajillas en un equilibrio poco estable. Lourdes, sin mirarme, me hizo un gesto para que me sentara y obedecí sin más.
Las tostadas se fueron ennegreciendo sin que a Lourdes pareciese importarle. Se acercó al cajón de los cubiertos, rebuscó y cogió unos cuantos. Se acercó a mi aunque sus ojos enfocaban a la puerta abierta detrás y dejó en la mesa una colección de mis cuchillos más afilados, un tenedor y un sacacorchos. Acercó su boca a mi oreja y por fin me habló,

- Saturnio, ya va siendo hora de acabar.

martes, 7 de febrero de 2012

Me-ta-cri-la-to

El loro me insulta. Me llama "cobaaarde". Debió aprender en la tienda alguna palabra de más y al dueño se le olvidó comentármelo. Como siga así lo devuelvo.
La primera vez que lo escuché pensé que habría sido un lapsus, o mío porque ya no tengo muy buen oído y últimamente estoy muy nervioso, o suyo porque ofuscado ya por no ser capaz de pronunciar "me-ta-cri-la-to" había reunido unas sílabas al azar. Pero un día más tarde lo pronunciaba ya de manera continua, bien clarita y a mala leche, arrastrando la "a" para que me quedase bien clarito, "cobaaaarde". Ahora ya ni silba, ni dice "Hola", ni por supuesto "me-tra-qui... ¡joder!

jueves, 2 de febrero de 2012

Tito empezaba a oler demasiado mal


Tardé mucho en decidir cómo deshacerme de su cuerpo. Los otros cadáveres eran desconocidos, la policía nunca los relacionaría conmigo si los encontrase pero Tito... Tito era mi amigo. Y además lo maté yo.

Ayer por fin se me ocurrió una gran idea: dejarlo en su propio apartamento. Después de lo que le sucedió a Lourdes estoy seguro de que la policía encontrará mil maneras de explicar su muerte rápidamente y cerrar el caso.

De madrugada lo rocié con ambientador, le puse una bufanda y un gorrito y lo subí al coche. Ya he pasado por esto mucho veces y mi experiencia me dice que llama mucho más la atención arrastrar una bolsa grande o un baúl que a un muerto bien disimulado. Sobretodo a según que horas. El momento más difícil es el de coger el ascensor, pero esta vez tuve suerte y no me crucé con ningún vecino, ni en mi piso ni en el suyo.

Me sorprendió encontrarme la puerta de su casa entreabierta y la luz encendida. Imagino que Lourdes se despistó con la emoción y las prisas cuando fuimos a rescatar a Tito, pero es raro que ningún vecino haya hecho nada al respecto. Lo bueno fue que a mi me facilitó mucho el trabajo.
Lo senté en una silla de la cocina, y como se me caía de lado la acerqué al fregadero para que le hiciera de tope. No se quedó en una postura muy natural, la verdad.
Aproveché la visita para cotillear un poco. En su habitación, sobre el chifonier encontré la foto de la boda: Tito mantenía la mirada firme y decidida y la barbilla alta y orgullosa; Lourdes sonreía tímidamente y se la veía incómoda dentro del traje blanco que intentaba disimular sus carnes generosas. Me la traje a casa y la puse en mi mesilla de noche.

miércoles, 1 de febrero de 2012

El loro Paco

Me he comprado un loro. Estoy muy solo en casa y pensado que una mascota me sentaría bien. Al morir mi madre quedé ya sin familia, si alguna vez tuve un amigo lo perdí, y no tengo ya ninguna posibilidad de recuperar a aquella junto a la que soñaba terminar mis días.
El precio era un regalo, el bicho es ya bastante mayor y el dueño de la tienda quería deshacerse de él. Ya sabe decir "hola" con voz de falsete y silbar a las chicas guapas. Según el dueño es muy listo, y para ponerlo a prueba he pensado enseñarle a decir "metacrilato". Pongo su jaula encima de la mesa mientras ceno y le repito despacio y vocalizando bien "me-ta-cri-la-to". Él me mira con atención, ladea la cabeza contrariado y responde "ho-la". Pero no nos desanimamos.

sábado, 17 de diciembre de 2011

La vértebra del estudiante de intercambio

Nos fue fácil entrar, pero salir nos costó una vida. A Lourdes la recibieron con todos los honores y la estuvieron agasajando durante toda la noche. A mi no me hacían ningún caso y pude escabullirme para registrar la finca y asegurarme de que Tito no estaba allí. Más que una finca aquello era un auténtico poblado. En el centro se encontraba la vieja casona en la que vivía "el puño" y se realizaban las misas y negras y demás rituales, y alrededor casas prefabricadas, auto-caravanas y tiendas de campaña se agrupaban formando calles perfectamente alineadas. Me senté en el portal de la casona y estuve fumando y planeando la escapada durante el tiempo suficiente para convencer a Lourdes de que había buscado a su marido hasta en el último rincón.  Pero cuando entré a buscarla era ya muy tarde. Los adoradores del diablo estaban tan ansiosos que habían modificado el programa de actos para empezar directamente con la ofrenda de la virgen.
Los encontré a todos completamente desnudos y visiblemente excitados rodeando el altar en el que Lourdes, con las piernas y los brazos abiertos y atados con correas, esperaba confiada y paciente a que yo la rescatara. Alguien apareció a mi espalda y me lanzó al suelo de un empujón. Miré hacia arriba y me resultó sencillo reconocer en aquel Adonis de dos metros a "el puño de Satán". De su cuello colgaba la famosa vértebra del estudiante americano al que descuartizó el día de su posesión demoníaca. Ignorándome se dirigió al altar, y ante los gritos de placer enfermizo de sus seguidores levantó una daga con el filo curvo y sucio ya de sangre. 
No esperé a ver el final, pero mi cruel imaginación me golpea con las imágenes más obscenas y crueles que es capaz de crear.

El puño de Satán

Lourdes ha estado investigando en internet, y tiene fundadas sospechas de que su marido esté en manos de una secta satánica cuyo líder se hace llamar "el puño de Satán". Su centro de operaciones es una finca rústica de la provincia de Albacete, y no es nada fácil llegar hasta allí si no eres bienvenido. Pero Lourdes es una mujer extraordinaria y ha conseguido, haciéndose pasar por virgen en los chats esotéricos de lengua hispana, que la inviten a los actos de conmemoración de la posesión del cuerpo de Joaquín Flores por una legión de demonios que dio lugar al nacimiento de "el puño".
Me ofrecí a acompañarla. Si se ha metido en esto es en parte por mi culpa, y no podría soportar que le hiciesen daño. Pero ahora tengo miedo. Ya he matado a un hombre, y aunque sé que lo volvería a hacer todavía no he sido capaz de perdonarme. Si ahora entro en tratos con Satán mi alma estaría definitivamente perdida. Anoche escuché gritos en la habitación de mi madre, y esta mañana he encontrado el cuerpo de Tito cubierto de arañazos.

domingo, 16 de octubre de 2011

La dulce Lourdes

Hoy he conocido a Lourdes, la mujer de Tito. Me esperaba a la salida de la fábrica, encogida en un abrigo largo y gris, con la nariz congestionada y los ojos húmedos. Quería pedirme ayuda. La pobre está desolada, hace días que no tiene noticias de su marido y la policía no le hace ningún caso. Le he pedido que me contara todo lo que sabe.
Estos últimos meses Tito se ha estado comportando de forma extraña. Se levantaba de madrugada, cuando suponía que Lourdes dormía, se vestía de negro, descolgaba el crucifijo que preside su lecho conyugal y salía de casa. Poco antes del amanecer volvía, colgaba el crucifijo, se desnudaba y se acostaba junto a su mujer oliendo a tierra y a flores. Los fines de semana iban a misa, sábado y domingo, en doble sesión de mañana y tarde. Al parecer Tito se había vuelto muy religioso de repente, e incluso había instalado un altar en la salita de estar, junto al televisor de plasma.
Lourdes sospecha que puede haber sido raptado por una secta. Yo le he confirmado que todo hace indicar que ha sido así, y que haré todo lo posible para ayudarla. Me ha dado un abrazo largo y fuerte, aplastando sus pechos contra mis costillas, con la mejilla apoyada sobre mi pecho. Nunca me habían abrazado así. Loudes me gusta mucho. Tengo que ayudarla.
Al llegar a casa le he rajado el cuello a su marido, para que no sufra más.

lunes, 3 de octubre de 2011

Jugando con Tito

Ayer por la tarde me sorprendió ver a Tito, mi mejor colaborador, en el recibidor de mi casa. No fui a trabajar, y al parecer no esperaba encontrarme en casa.

Arrastraba cogidos por el cuello de la camisa, uno con cada mano, los cuerpos de dos chavales que supuse serían gemelos (eran del mismo tamaño, vestían igual, y el poco pelo que les quedaba en el cráneo era de un color rojizo poco habitual en la cuenca mediterránea).

Cuando me vió les soltó y sus cabezas rebotaron contra el suelo como calabazas vacías. El pobre Tito abrió tanto los ojos que el párpado izquierdo se le quedó enganchado del revés.

Respiré aliviado y le ofrecí un café. Por fin había descubierto como habían llegado tantos cadáveres a la habitación de mi madre, que nunca había sido muy popular. Lo que no consigo comprender es por qué, yo siempre había considerado a Tito más que un compañero. La pena es que cuando quise preguntárselo el dolor ya le había hecho perder el juicio y era incapaz de articular palabras.

Aún así he decidido que se quede unos días en la habitación de mi madre, con los gemelos, para que podamos jugar un poco más.

domingo, 4 de septiembre de 2011

Asuntos familiares

Estas vacaciones han sido muy productivas, he limpiado por fin mi casa y he resuelto el misterio que me angustiaba.


Alquilé una furgoneta y cargué todos los cadáveres que se habían amontonado en la habitación de mi madre. Deshaciéndome de ellos uno a uno no hubiera terminado nunca, y cada vez aparecían más. Así que corté por lo sano y decidí hacerlos desaparecer a todos en una misma fosa común, como hacían los alemanes (no hay que copiar nunca, pero si se copia, mejor copiar a los mejores). Me acerqué a las obras de Marina D'Or y aproveché uno de los cimientos que habían dejado a medias. Entre el calor y la crisis confío que los cuerpos se hayan descompuesto completamente cuando retomen las obras.


La gran sorpresa me la llevé al limpiar la habitación. Seguía oliendo muy mal, así que le di un repaso a fondo, incluso miré debajo de la cama y allí estaba... mi madre.


Estaba bastante podrida ya, hacía varios meses que la enterramos, y seguramente llevaba también varios meses desenterrada. La reconocí por la ropa porque los gusanillos habían dado buena cuenta de su cara y se entretenían ahora relamiendo los huesos. Esos gusanillos no venían de ningún sitio, habían nacido de las entrañas de mi madre, como yo, eran a efectos legales mis propios hermanos... pero en esos momentos yo estaba muy impresionado, y aunque fuesen mi madre y mis hermanos me daban mucho asco. Rocié el cuerpo de mi madre con insecticida y lo metí en dos bolsas de basura (en una no cabía, le cubrí las piernas con una y la cabeza y la espalda con otra) y la metí en la furgoneta. Afortunadamente todavía me quedaba un día de alquiler.

domingo, 20 de febrero de 2011

El ramo de rosas

Hace años tuve una novieta, Natalia. Hoy es su cumpleaños, pero desde que cortamos no hemos vuelto a hablar. Yo intenté mantener el contacto, seguir siendo amigos hasta que con el tiempo nos llegara una segunda oportunidad. Pero primero sus padres y sus hermanos, después su novio y su marido, y últimamente sus hijos, me han impedido acercarme a ella.

Esta mañana me puse la mascarilla y entré en la habitación de mi madre. Cada día me deshago de dos o tres cadáveres, pero parece que siguen llegando y cada vez hay más. Rebusqué hasta encontrar a uno reciente, joven y guapo. Con la cara blanca y los labios morados me recordaba a esas películas mudas de Rodolfo Valentino. Le puse un poco de colorete con el maquillaje de mamá, y con unas gafas de sol y un sombrero me lo llevé de paseo.
Los domingos por la mañana son el mejor momento para deshacerte de un cadáver. Levanté a mi elegante compañero de los hombros y lo llevé hasta el coche como haría cualquiera con un amigo demasiado borracho para volver a casa. Le puse el cinturón y nos pusimos en marcha. Paré en una floristería y compré un ramo de rosas amarillas (las rosas rojas resultarían demasiado atrevidas).
    - Quiere acompañarlo con una tarjetita – me preguntó la florista.
    - No es mala idea, – le respondí - ¿podría escribirla usted? Yo tengo muy mala letra... ¿Si? Gracias. Anote:
“Felicidades Natalia. Te quiero y no puedo vivir sin ti. Ya no tengo miedo, aunque me maten no conseguirán alejarme de ti.”

Dejé a Rodolfo sentado en su portal, con el ramo sobre las rodillas. Daba gusto verlo y le hice una foto con el móvil.

Al volver a casa llamé a la Guardia Civil, “...sí, me han despertado unos gritos... sí, una pelea... ¿la dirección? Sí, anote... , sí, el número 12... ¿mi nombre? No, prefiero no darles mis datos. Adiós.”

martes, 28 de diciembre de 2010

Hasta siempre Pedro


Debo deshacerme de los cuerpos antes de que el olor empiece a mosquear a los vecinos. He comenzado por Pedro. Hoy en el trabajo todo el mundo hablaba de su desaparición. La mayoría piensa que se suicidó al quedarse sin trabajo y no poder mantener a su familia, con la Navidad por delante, las explicaciones a los padres, los hermanos, los cuñados, los suegros, la compasión, las palmadas en la espalda, la vergüenza...
Al llegar a casa he intentado lavar la cara al muerto que vomité, para comprobar que efectivamente era Pedro. He usado la bayeta de la cocina, pero como el vómito estaba ya bastante reseco, y la piel muerta pierde enseguida la elasticidad sólo he conseguido deformarle la cara. Afortunadamente al registrarle he encontrado su cartera, con las fotos de sus hijas, el carné de conducir y unos cupones de descuento del Dance Studio Fever.
Podrían sospechar de mi así que he decidido simular el suicidio que todos esperan. He metido el cuerpo en la funda de la tienda de campaña con la que mis padres se fueron de viaje de novios y lo he llevado a las vías del tren de alta velocidad. Le he quitado la ropa y la he dejado plegada a un lado.
Hace media hora que el tren debió pasar por allí.

sábado, 25 de diciembre de 2010

La llegada de Papa Noel


Anoche el la radio no había tertulias deportivas, todas las emisoras ponían programas enlatados con los mejores momentos del año. Justo cuando Iniesta volvía a dar el mundial a España he escuchado la voz de mi madre dentro de mi oído:

- ¿Has sido bueno? Te han dejado muchos regalos en mi habitación. ¡Ven a verlos inmediatamente!

    Me he puesto muy nervioso. Mi primera intención ha sido irme de casa, pero no se me ocurría dónde ir. He llorado y, como un niño que cumple un castigo he seguido las órdenes de mi madre. He rociado de nuevo la mascarilla con ambientador de lavanda, aunque sabía que cuando abriera la puerta ya no serviría para nada. Llamé antes de entrar, y como todavía estaba medio dormido y todo era tan irreal no podría asegurarlo, pero me pareció escuchar varias voces que susurraban “Entra”, “no tengas miedo”, “Pasa, Pasa...”
    He cogido aire y he entrado, con la mano tanteaba la pared buscando el interruptor de la luz y no acertaba a encontrarlo, tenía la esperanza de que lo que se distinguía gracias a la luz del pasillo sería un juego engañoso de sombras y que las bombillas del techo me devolverían a la realidad.
    Encontré el interruptor y encendí la luz. Y la imagen era mucho más horrorosa a la luz de las bombillas del techo. Decenas de cadáveres podridos se amontonan encima de la cama de mi madre, algunos habían rodado hasta el suelo y hacían las veces de alfombra. He vomitado sobre la cabeza de uno que parece bastante reciente. Sólo le vi la cara amoratada un segundo antes de cubrirlo con un puré de comida china con salsa agridulce. Se parecía a Pedro el bailarín.

    viernes, 24 de diciembre de 2010

    la tarjeta del Consum


    Anoche dormí con mascarilla, la rocié de ambientador de lavanda y funcionó bastante bien. Compré un mp3 y me duermo escuchando las tertulias deportivas, aún así oigo los golpes de mi madre, pero impresionan menos confundidas entre los gritos de los periodistas.
    Hoy teníamos fiesta en el trabajo, así que me he bajado al bar con el correo acumulado y he pasado la mañana oliendo a aceite refrito. Se me ha pegado tan fuerte que ya no huelo a carne podrida y voy más tranquilo por la calle.
    He visto que este mes se ha pasado mi tarjeta de Consum por compras por un valor dos mil trescientos veinte euros, con lo que me corresponde un cheque regalo de siete euros. No acabo de entender a quién le puede interesar quedarse mi tarjeta y pasarla cuando compra, ni quien es capaz de comprar tanto en un Consum. Pero bueno, los siete eurillos no me los quita nadie.
    He pasado la mañana de parque en parque, la tarde de bar en bar, y cuando han empezado a cerrarlo todo me he ido aun “chino” y a celebrar mi cena de Nochebuena. En noches como la de hoy se agradece que no se respeten los derechos de los trabajadores.
    ¡Feliz Navidad!

    miércoles, 22 de diciembre de 2010

    en vísperas

    Se acerca la Navidad y no me atrevo a quedarme en mi casa. La habitación de mi madre apesta y el olor se va pegando al resto de la casa. No me atrevo a entrar. Esta mañana, antes de ir al trabajo, me armé de valor, entreabrí la puerta y vacié dentro un bote de ambientador pero esta tarde, al volver a casa, el olor a podrido era todavía mayor.
    Por las noches me sigue despertando con sus paseos por el pasillo, rebusca en cajones y armarios con golpes violentos, parece que quiera despertarme a propósito. Al principio creí que buscaba las cartas y las dejé en su lugar, pero ella sigue buscando, y cada noche parece más furiosa. Y además ahora el hedor a muerte que no consigo quitarme de encima. En el autobús la gente lo nota y me miran con pena.
    Esta mañana he tenido una reunión con Tito, no habla con nadie, está muy nervioso y tiene muy mal aspecto. Repetía que no le pasa nada, que esta mejor que nunca, y me sonreía con media boca mientras se balanceaba adelante y atrás sentado en el borde de la silla. Al despedirme de él en la puerta me ha parecido que olía a lo mismo que yo.

    domingo, 28 de noviembre de 2010

    del más allá




    Hoy me he atrevido a entrar de nuevo en la habitación de mi madre, quería seguir estudiando sus cartas para resolver el misterio de las alemanas pero las cartas no estaban donde las dejé. Y no sólo eso, la cama estaba deshecha y sobre la almohada he encontrado pelos largos y blancos. Sobre la cómoda había una bata suya, unas medias, una faja y unas bragas. He notado su presencia y se me han erizado los pelos de la nuca, como si hubiera alguien detrás de mi. He salido corriendo y he cerrado la puerta. Estoy pensando en irme a dormir a un hotel. No debería tener miedo, si el espíritu de mi madre vaga por la casa debería alegrarme, yo la quería mucho y ella a mi también, aunque tal vez le ha molestado algo de lo que hecho y por eso ha vuelto. Tal vez ha sido por hurgar en sus cartas, o por algo de lo que he dicho en este blog.
    Mamá, si lees este blog que sepas que lo siento y que voy a olvidar el asunto de las cartas. Puedes descansar en paz.

    martes, 23 de noviembre de 2010

    de noche


    Anoche me despertaron unos ruidos en la habitación de mi madre. Tenía mucho miedo y me escondí bajo las sábanas esperando a que pararan, pero en lugar de detenerse iban cada vez a más. Se escuchaban los cajones abriéndose y cerrándose con violencia, las puertas del armario chirriando, alguien arrastraba la cama con dificultad. De vez en cuando se hacía el silencio, unos pasos salían de la habitación y recorrían el pasillo arriba y abajo con impaciencia. Cuando los escuchaba pasar a la altura de la puerta abierta de mi dormitorio contenía la respiración y rezaba apretando contra mis labios la crucecita que llevo colgando del cuello. Una de las veces en las que los ruidos se amontaban en la habitación vecina me armé de valor, corrí de puntillas hasta la puerta y la cerré. Creo que me oyeron porque se hizo de nuevo el silencio y escuché a través de la puerta unos bufidos rabiosos. Volví a la cama caminando hacia atrás por no dar la espalda a la puerta, cuando ya me metía de nuevo bajo la sábana la puerta se abrió violentamente y reconocí, recortada sobre la luz del pasillo, la silueta de mi madre. La escuché sonreír y susurrar [Buenas noches]

    viernes, 19 de noviembre de 2010

    La fama cuesta...


    Esta mañana han llamado a Pedro los de recursos humanos y cuando ha vuelto ha intentado pegarme. Al mes que viene cumplirá los tres años y han decidido no contratarle y piensa que es por mi culpa.
    Ayer por la tarde tenía una reunión con los de calidad para preparar la auditoría de la semana que viene, y cuando llegamos al apartado de comprobación de la documentación propuse que siguiéramos en mi despacho que es donde guardo todos los registros. Por el camino recordé que le había dejado el despacho a Pedro para que ensayara por las tardes así que cuando llegamos, antes de entrar, llamé a la puerta varias veces y le di unos segundo para que recuperara la compostura. Lo que yo no podía imaginar era que para bailar no le servía la ropa de trabajo y que, como todavía no se había comprado ropa de baile, estaba usando la de su mujer. Yo cerré la puerta en cuanto reaccioné, no tardé mucho, pero parece que fue suficiente para que todo el departamento de calidad viera a Pedro con mallas de color rosa intentando esconderse dentro de un archivador.
    Es una pena porque era un buen trabajador y tiene una familia que mantener, pero bien pensado ahora por fin tendrá tiempo para hacer con su vida lo que siempre ha querido, y tiene derecho a paro. Para animarle le he dejado en su taquilla un fragmento del manifiesto de la "Asociación de parados felices".

    "Hace 25 años, los obreros todavía podían poner en entredicho el trabajo en sí mismo. Hoy están obligados a fingir que están satisfechos por la simple razón de no estar parados. Pero los parados disponen de un bien precioso: el tiempo. Esa podría ser una oportunidad histórica. Nuestro objetivo puede definirse como una reconquista del tiempo. Lo que no impide al parado feliz ser un hombre activo. Es por esa razón, precisamente, por la que no hay tiempo para trabajar"

    Hoy, comprando en el Consum de la esquina me ha parecido reconocer a Tito. He intentado seguirle pero le he perdido. Seguramente no era él, porque vive bastante lejos.

    miércoles, 17 de noviembre de 2010

    Bailando en la factoría


    Estos días he estado revisando las propuestas de mejora con Pedro. Lleva casi tres años trabajando conmigo (le queda un mes para su paso a plantilla) pero nunca le había prestado mucha atención. Le doy trabajo y él lo hace, nunca me ha dado ningún problema. Hoy le he estado preguntando un poco por su vida. Está ya casado, tiene dos hijos, y sus únicas aficiones son ver la televisión e ir los domingos al fútbol. Le he intentado sonsacar que es lo que realmente le gustaría hacer, que podría darle un significado a su vida, quien sería él si pudiese disponer de su tiempo y de su vida. Me ha confesado que a él lo que realmente le hubiese gustado es bailar. La verdad es que me ha dejado a cuadros. Dice que antes de casarse iba a las discotecas, se subía al podio más alto y bailaba toda la noche. Al parecer triunfaba mucho, y fue así como conoció a su mujer. Ella sigue trabajando en discotecas pero después de los dos embarazos ya no le queda cuerpo para bailar y ahora sirve copas. Él se queda con los niños y nunca sale.
    Le he animado a que vaya a un casting para algún programa de televisión y que no olvide su sueño. Como no tiene tiempo para ensayar en casa le he propuesto que por las tardes use mi despacho. A él le cunde mucho el trabajo, con trabajar por las mañanas tendría suficiente, y yo por las tardes siempre estoy en alguna reunión. Se ha puesto muy contento.

    Tito está la mar de simpático, hoy al volver de la ronda con Pedro me lo he encontrado esperándome en mi despacho. Me ha dicho que quería enseñarme el libro que está leyendo ahora (“El guardián entre el centeno”) y me ha repetido las mismas preguntas que habíamos tratado en una reunión a primera hora. Parecía un poco nervioso. Cuando por fin ha salido he estado comprobando que todo estaba en su sitio. Las llaves de casa estaban en otro cajón, y no encuentro mi tarjeta de socio del Consum.